Ingenieros y el ingenio

Publicado: diciembre 7, 2010 en Uncategorized

He de confesar que, a mediados del año 2002, mi estatura era cercana al metro ochenta; mi cabello, negro; mi peso, unos 65Kg y mi miopía, galopante. Por alguna razón, tenía claro que quería (debía) seguir estudiando. Mi estatura, mi peso y mi miopía continuaron con su crecimiento natural durante los dos siguientes años. Sin embargo, mis ganas de estudiar disminuyeron hasta tal punto que creo recordar que no seleccioné ninguna carrera al acabar el selectivo y por poco me quedo sin plaza en la escuela en la que permanecería por los siguientes siete años, que se dice pronto.

Así, a finales de 2010, mi estatura supera ligeramente el metro ochenta, mi peso ronda los setenta quilos, mi miopía se ha estabilizado, por fin, en un nivel cercano a la ceguera total y mi cabello ya no es lo que era. Estos rasgos pueden definir a una persona, pero no te dan un trabajo. Con la firme decisión de no morirme de hambre en los años sucesivos, cuando contaba dieciocho primaveras decidí que a falta de pan, buenas son tortas y que, a falta de otra cosa mejor, la informática bien podía librarme de la pobreza. De manera que, lo has adivinado, son ingeniero técnico en informática, a un paso de ser ingeniero a secas. Uno podía esperar que, a mayor rango en la titulación, más largo sería el titulo, pero we engineers are different.

La diferencia entre un ingeniero técnico y un ingeriero a menudo se resume en que el ingeriero técnico es dos años más joven que el ingeniero (a secas). Vamos a olvidarnos, por el bien de nuestra salud mental, de esta última e infundada afirmación. La realidad es que las empresas (ese ente fantasmagórico que controla nuestro destino) solo quieren gente con experiencia, o bien gente sin ninguna experiencia (sin importar los años de su juventud que haya derrochado sacándose una carrera) a la que poder explotar.

Durante mis años de estudio, solía pensar que esto no podía ser así. Que nosotros íbamos para ingenieros, no para “programadores”, suponiendo que haya estudios que conduzcan a esa profesión. Para mí, tener un ingeniero programando es como tener a un arquitecto levantando un edificio con sus propias manos o un industrial trabajando en un taller. No tiene sentido. Lo que previene a los estudiantes de estas dos carreras de acabar en dichos  empleos no es que sean más guapos que nosotros, ni más fuertes (aunque esto constituiría una ventaja en nuestro caso, pues podríamos amenazar al empresario). Lo que previene a estas criaturas de trabajar en algo para lo que fueron preparados son dos factores, en mi modesta opinión: la antigüedad del títulos, que les permite asentarse en la sociedad, y una regulación clara de los límites de su profesión, que les permite asentarse en el mercado. El trato es claro: si no eres ingeniero titulado y colegiado no puedes firmar este proyecto. El ingeniero diseña el proyecto, lo firma y el colegio lo aprueba. Ya vendrá otro que levante el puente o construya la máquina diseñada.

Con esta perspectiva, la indigencia vuelve a mis pensamientos, los cuales son infectados, de vez en cuando, por un virus muy común hoy en día: la administración pública. Y la escasez se aleja y se aleja de mi mente…

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comentarios
  1. madonnitax dice:

    Esperemos que entre los dos podamos vivir como un buen arquitecto

  2. Diego dice:

    Bueno, de momento hay que acabar la carrera y entregar el proyecto. Ya nos preocuparemos en cada momento de lo que toque… Ahora después de ser ingenieros técnicos no vamos ahora a tirar la toalla..

    Ánimo a todos los intenier@s!!!

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