Ese hombre no se va a llevar mi dinero!

Publicado: diciembre 16, 2010 en Uncategorized

Crecí cerca de un parque de mi ciudad. La zona que ocupa hoy el propio parque no existía como tal en aquel entonces. Todo eran fincas y casas y algún sendero que las comunicaba. Nosotros (el grupo de niños que vivíamos en la zona) solíamos jugar en la calle, algo que es casi inconcebible hoy. Estábamos favorecidos por la especial situación de nuestras calles, que, como digo, apenas sí daban a algún lado, lo que repercutía favorablemente para nosotros en el tráfico rodado. De todas maneras, la construcción del parque supuso todo un evento para los que nos quedamos pues, paulatinamente, por azares del destino, numerosas familias de las que allí vivían abandonaron el lugar. En cualquier caso, los niños estábamos allí antes que el parque, durante su construcción y, finalmente, estábamos allí cuando la obra estuvo terminada. Lo sentíamos muy nuestro: habíamos recorrido su extensión antes incluso de que fuera suya, habíamos encontrado en los materiales y las montañas de arena de obra un estupendo patio de recreo, nos habíamos colado para verlo antes de que estuviese abierto al público y, ahora, por fin, teníamos un lugar en el que revolcarnos.

Sin embargo, la aparición de este nuevo espacio de juego trajo consigo algo con lo que no contábamos: más gente (evidentemente). Conocimos a algunas buenas personas… y a otras no tan buenas. Claro que todo cambia si uno conocía al individuo adecuado, ¿verdad? No obstante, y pese a que no solíamos salir a jugar con dinero, alguna vez nos quedamos sin helado a media tarde. Esto provocaba en mí un sentimiento muy fuerte, aunque nunca llegué a comprenderlo muy bien. Más que nada era rabia homicida mezclada con impotencia (ellos eran más y más grandes) pero, en el fondo, era una herida en el orgullo. Allí estábamos nosotros, que rondábamos el lugar desde el día cero, ultrajados en nuestro propio territorio.

Esto que te cuento ocurrió hace ya muchos años pero este sentimiento aflora todavía de vez en cuando. No sé si te ha pasado alguna vez (intuyo que sí) pero, de vez en cuando, me encuentro con algún dependiente (funcionario, trabajador en general, etc.) que tiene la impresión de que los clientes son una especie de estorbo, un desagradable evento que interrumpe el curso natural de su vida o las importantes gestiones que estaba llevando a cabo en este momento. La percepción que a mí me da muchas veces es que el dependiente (o similares) actúa como si me estuviese haciendo un favor. Esto es especialmente flagrante cuando media una transacción económica. La indignación es directamente proporcional a la cantidad que se negocia.

Si vives en una ciudad pequeña (aunque lo mismo ocurre en los barrios de las ciudades grandes) quizá te encuentres en la coyuntura de que sólo tienes un lugar en el que invertir tus ahorros para un determinado interés. En este caso, especialmente, noto como esa ira homicida mezclada con impotencia vuelve a mis sienes. Delante de ti se yergue orgulloso un ladrón que ha empleado toda su astucia para convertirse en el único distribuidor de X en tu entorno. Ahora, justo cuando él se encontraba perfilando un plan para conquistar el mundo, se te ocurre aparecer por su palacio pero, él, con toda su magnanimidad, ha decidido perdonarte tal ofensa y permitirte seguir viviendo y concederte los placeres de su compañía. Y es a él, este cavernícola social falto de cualquier capacidad para tratar con el público, el que se va a llevar el sudor de tu frente.

Por otra parte, lo de los bancos ya clama al cielo. Después de metérnosla doblada desde tiempos inmemoriales, son capaces de confundir la palabra transferencia con ingreso. Aunque siguen encontrándose a años luz de los operadores de telefonía, a los que no voy ni a nombrar.

Ante tal panorama, sólo me apetece decir: ¡Ese hombre no se va llevar mi dinero!

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comentarios
  1. madonnitax dice:

    La cantidad de hombres y mujeres que no se van a llevar nuestro dinero en Ou…porque vaya elementos que hay… Prefiero viajar 100 km para tener la atención que merezco antes que un ignorante y chulesco dependiente se lleve mis cuartos

    • digijew dice:

      A veces es lo que queda. Merece la pena sacrificar ciertas cosas para obtener otras, como un trato digno. Viven gracias a nosotros y ahora con tanta crisis nos piden que nos gastemos nuestro dinero en sus negocios, pero luego te tratan como si fueras un leproso. Eso si tienes suerte y te topas con un individuo que, aunque borde, sepa algo del tema. Lo grave es que eso no es requisito para poseer una tienda…

  2. Diego dice:

    No me extraña que el comercio local pierda dinero. Con los vendedores que tienen que no muestran interés ninguno en venderte el producto con el que se ganan el pan….

    Vivan las compras por internet!!

    Salu2!!

  3. Pitri dice:

    Malditos bastardos!!!

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