El informe pelícano.

Publicado: marzo 25, 2011 en Uncategorized

El informe pelícano (The pelican brief) es una de esas películas que a mi generación nos cogió muy pequeños. No es una película complicada, pero requiere de más atención de la que tiene un niño de seis años.

Para el que no lo sepa (a pesar de que me da la sensación de que la han puesto aproximadamente mil veces en la tv), El informe pelícano es una intriga periodística protagonizada por Julia Roberts y Denzel Washington, de principios de los ’90. El argumento trata sobre el personaje de Julia Roberts, una estudiante de derecho que accidentalmente destapa una trama de corrupción la cual le confía al personaje de Denzel Washington, un periodista de, curiosamente, Washington D.C.. Juntos irán investigando hasta desenmarañar completamente la enredada madeja.

Durante un tiempo, me quise convencer a mí mismo de que quería ser periodista. Lo cierto es que no me desagrada la profesión. Lo mismo que cuando, para mi vergüenza años más tarde, quise ser abogado. El factor común para ambas es lo atractivas que resultan en las películas que las tratan. Otra característica que estoy seguro que comparten es lo diferente que debe de ser la realidad como trabajo para la mayoría de la gente: becas que esclavizan a los noveles, mucho trabajo sucio sin recompensa, muchas oficinas sin glamour… Pensando sobre ello, quizá hay algo más que podemos encontrar en las dos, y no es otra cosa que la pobre imagen que proyectan hoy en día.

Evidentemente, esta es una opinión personal y general, pero cuando pienso en abogados pienso en esas personas que están dispuestas a encontrar un resquicio en la legalidad que permita al despojo humano correspondiente librarse de su condena. Pienso en buffets de lujo, en parques naturales edificados, en clubs de golf y en las “guerras por la paz”. Pienso también en esos buitres que cobran (en B) por poner una firma en un papel o por dar “consejo”. Pienso en la SGAE, por ejemplo, y en la mezquindad con que las leyes se interpretan. Ha de ser un trabajo hipócrita por fuerza, ya que la justicia es hipócrita. Cuán deseoso estaba, sin embargo, en mi niñez, de levantarme en mi Armani, dirigirme hacia el estrado y decir: “Con la venia, señoría”, y caminar orgullosamente al ritmo de mi retórica, mediante la cual, sin duda, conseguiría resolver el caso.

No era menor mi afán, en su momento, por ponerme detrás de un micrófono radiofónico. Quizás en una tertulia, quizás a altas horas de la noche acompañado por mi soliloquio y una taza de chocolate caliente, en un estudio que diese a la calle. También fantaseaba con investigaciones dignas de la portada de la edición vespertina, noches delante del ordenador escribiendo tan admirable artículo, llamadas telefónicas interminables y clandestinos encuentros con inconfesables fuentes. Cómo imaginar en mi cabeza bienpensante que el “periodismo” hoy en día viene en conservas de solanáceas? Cómo anticipar que vale más una cara bonita que buena formación? En verdad esto no era tan difícil de anticipar… Cómo prever que la noticia tiene más que ver con intereses políticos, o de cualquier otra despreciable invención humana, que con la verdad?

Quizá la razón por la que ambas me producen tal malestar físico y mental es por lo unidas que parecen que van en estos días. Menos mal que siempre quedará el buen cine para recordar aquellos días en que la gente hacía su trabajo y podía presumir de ello (incidentalmente, en El informe pelícano sale algún abogado honesto… y alguno no tan honesto). Lo dicho, disfrutad del buen cine, la nueva manera de soñar.

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comentarios
  1. madonnitax dice:

    Pues, yo no he visto la peli pero ser abogada jamás me ha llamado la atención y el periodismo requiere de una oratoria que no tengo ni tendré así que, prefiero los cacharros y no hablar demasiado XD

  2. efezetaseis dice:

    Muy buen análisis, quien no ha soñado ser ese personaje de ficción que ha visto en la gran pantalla. Abogado legal y bueno. Juez imparcial y justo. Senador preocupado por el pueblo. Justiciero en algunos sitios. Pero nos toca poner nuestro granito desde donde podemos. Desde un blog como el tuyo. Saludos y Propicios Dias.

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