Agradecido

Publicado: abril 9, 2011 en Uncategorized

Uno siempre piensa en qué manera puede mejorar su existencia y, en función de lo materialista que sea, en los objetos necesarios para ello. Lo que uno no piensa mucho es la banalidad en la que caen cuando lo fundamental se ve comprometido. Lo fundamental es, claro, la salud.

La salud es una de esas (tantas) cosas que, no es que no apreciemos, es que damos por supuestas, en nuestro día a día. Es normal. Es la base para todo lo demás. Apenas tenemos tiempo de pensar, cuánto más de pararnos a reflexionar sobre si la cantidad de células hepáticas de las que disponemos en este momento es suficiente para llevarnos hasta mañana. Sin embargo, a veces es bastante y, a veces, no. Entonces nos aferramos al último recurso, bueno, al penúltimo, porque el último supongo que será rezar: el hospital. Y, mira por donde, resulta que el hospital es otra de esas cosas que damos por sentadas y en las que no reparamos hasta que llega la factura a casa. Ah, no, que en España no llega la factura a casa. Qué alivio.

En verdad esto es mentira. Me hago cargo de la contradicción. La factura llega, vaya si llega. De hecho, según mis escasos conocimientos de economía y política (extrañamente ligados hoy en día), la factura seguirá llegando durante más tiempo del que nos es posible concebir a muchos. La diferencia con otros países es que llega a todas las casas, no sólo a las de los enfermos, ayudando entre todos a cubrir sus gastos. Incluso aquéllos que nunca han estado enfermos pagan. La forma de pago también es peculiar. No hay papel con el logo del hospital, no hay factura detallada, las cantidades no son astronómicas, no hay fraccionamiento… Se paga a diario, en impuestos. En impuestos que, a decir verdad, nos tienen ahogados, pero eso no tiene nada que ver. El empleo precario, los explotadores, los bancos y el vivir encima de las posibilidades de cada uno sí comparten algo de la culpa, amén de muchas otras cosas que seguro que ni conozco ni entiendo. Lo importante es que, a la hora de la verdad, uno va al hospital sin pensar, sin cortarse. Incluso hay quien abusa de las instalaciones, de los médicos, de las recetas, de un sistema que necesita revisión y de la certeza de que, no importa cuántas veces tenga que ingresar ni el tratamiento que reciba, el coste será cero. Pero cuesta. Y mucho.

Yo solía tener un lunar en la pierna. Siempre pensé que era un lunar de nacimiento, pero con el tiempo aprendí que era un nevus congénito. Era bastante grande y esto le hacía potencialmente peligroso, así que recientemente lo cambié por una cicatriz aún más grande. No fue agradable, ni rápido (aún estoy convaleciente) pero era lo que había que hacer. En el proceso me pasé una semana ingresado y me las arreglé para, además de otros gastos como son los propios generados por la intervención, consumir una respetable cantidad de drogas que hiciesen digerible tal transformación. Los últimos días de mis vacaciones forzosas discurrieron en un cuarto que no puedo calificar de otra manera que de luxe. A saber, habitación individual con baño privado completo y adaptado, teléfono, TV color, vistas exteriores y, como en todas las otras, a una pulsación de botón de todas las atenciones que pudiese necesitar. Coste? Cero.

A partir de ahora intentaré pensar algo más a menudo en la suerte que he tenido, y que no me importará pagar por ella para que otros la tengan también, mientras deseo no amortizar nunca mi inversión.

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comentarios
  1. madonnitax dice:

    Y qué pronto nos olvidamos de valorar aquello que perdemos durante algún tiempo y luego recuperamos ¿eh?

    Anyway, si eso que pagamos todos es para que muchas novias como yo puedan tener a su novio bien cuidado y en breve, sano sanísimo, bienvenido sea 🙂

    Bravo sir!

    • digijew dice:

      Está claro, rápidamente se olvida. La sanidad “gratuita” que tenemos aquí es un lujo y no me equivocaré mucho si no tarda en desaparecer. Esperemos que no.
      Gracias!

  2. Diego dice:

    Al final no estamos tan mal… 🙂 Recupérate pronto.

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